Sonrisas, 110 Km, sudor y lágrimas.

Por Laura Puerta

Después de haber leído y releído la crónica que mi hermano escribió sobre su primera ultra trail “Cavalls del Vent” que es la actual “Ultra Pirineu” fui a conocerla en persona. Al ver pasar a Kilian Jornet, Luis Alberto Hernando y Emilie Forsberg entre otros, me emocioné tantísimo que dije: “el año que viene la hago”. Abrieron inscripciones y ni me lo pensé. Pero como me inscribía sola y no había participado años anteriores no me dieron plaza. ¡Vaya chasco! Me quedo en la lista de espera y a cruzar los dedos. A finales de Agosto me llaman diciendo que tenían una plaza libre, pero…me toca trabajar. Me pongo en contacto con mi jefa y no me asegura el cambio. Me dice que lo va a mirar pero sólo tengo dos días para pagar la inscripción. No puedo esperar. Me arriesgo y la pago. Queda menos de un mes… ¡¡¡tengo que ponerme las pilas!!!

Sigo con la incertidumbre hasta la semana de antes. Me conceden el cambio, no me lo creo. ¡Estoy emocionadísima!

Viernes 23 Septiembre

Después de currar salimos hacia Bagà mi novio, mi hermano, Arantxa y David. Por el camino pillamos una tormenta horrible. “Como mañana esté así…a ver quien corre”, pienso. El viaje se me hace larguísimo. Estoy muy nerviosa, pero al fin llegamos. Vamos al poli a por el dorsal, a dejar la bolsa de vida con ropa para el km 74 y a hacernos la foto de “Ready to GO”.

Vamos al hostal, cenamos y me preparo la mochila, ¡No puede ser! Me he dejado las barritas y las sales. Sé que hay en los avituallamientos pero voy más segura con las mías. Trato de no pensarlo mucho y me voy a dormir. Hay que descansar que mañana va a ser un día muy largo. No puedo dormir. No paro de darle vueltas a la cabeza. Estoy muy nerviosa. Consigo dormirme pero me despierto varias veces. ¡Menuda noche más mala!

Sábado 24 Septiembre

El gran día. 5:00 am. Suena el despertador. Cogemos todo y a desayunar. Vamos a la casa en la que estaba el resto, miro a mi hermano y le digo que he pasado muy mala noche, me dice que tranquila que todo eran nervios que no piense en el “y si…” y que me centre en disfrutar. Cambio el chip y salimos hacia la plaza. Foto Rokanegra con Marc, Joan, Felipe, Juanjo y Oscar. De repente veo a mis morlacos, Mire y Artur. Voy a buscarlos. Les digo que vengan con nosotros y salimos juntos. ¡Qué maravilla encontrarles!

Se oye al Speaker, la canción de “El último mohicano” y la cuenta atrás. Me tiembla todo. ¡Salimos! No se puede correr de la gente que hay. Vamos andando hasta que se va haciendo hueco y empezamos a trotar. Estoy alucinando de la cantidad de gente que hay despierta animándonos a esas horas. He perdido a los chicos y me quedo atrás con Mire (ella la empezó el año pasado pero tuvo que retirarse). Me hace muchísima ilusión correrla con ella y sé que la voy a disfrutar muchísimo. Salimos de Bagà y empezamos a subir. Nos paramos. Hay mucho tapón. Muchísimo más que el año pasado me dice Mire y es que por la tormenta de ayer estaba todo muy resbaladizo y la gente va con cuidado. Nosotras vamos hablando, a lo nuestro.

Está amaneciendo y hay unas vistas increíbles, mi hermano me ha dicho: “a ver si ves el Pedraforca”, “mi” Pedraforca y anda que si lo veía. Estaba precioso sobre un mar de nubes.

Llegamos al primer cruce de carretera, esta mi novio, Sergio y Tomás. Nos animan un montón y seguimos hasta el primer avituallamiento, el refugio del Rebost (8 km). Llenamos los botellines de agua, comemos unos frutos secos y algo de fruta y seguimos hacia el siguiente. Niu d’Àliga (14 km), el punto más alto de la carrera, pero que como es al principio lo llevamos bien. Llenamos la mochila y la tripa y para abajo. Le digo a Mire que me adelanto bajando pero que luego le espero: “ahí va la cabrilla” me dice. Llegamos a un tramo con cuerda y de nuevo tapón. Las piedras resbalan y hay que ir con cuidado. Veo unos tatuajes en las piernas que me suenan familiares. Miro hacia arriba y veo unos manguitos como los míos, los de nuestra carrera, el Arganza Trail. Era Juan, ¡que alegría!, pensaba que iba mucho mas adelante. Nos hacemos una fotillo y le pregunto a ver qué tal va. Me dice que la rodilla no muy bien, ¡qué rabia! Aprovecho el tapón para escuchar un audio que me ha mandado Eli. Menudo chute de energía. Me río un montón y me viene genial, ¡es única!

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Mire me va diciendo lo que nos queda hasta el siguiente avituallamiento y ahora viene un tramo pistero y cuenta abajo. Nos motivamos y empezamos a apretar. Adelantamos a un montón de gente y cogemos a Óscar y Juanjo, ¡que sorpresa! Vamos juntos al tercer avituallamiento, Serrat de les Esposes (28 km). Comemos un poco y empezamos a subir, una pequeña subida y después todo bajada hasta Bellver (40 km) dónde están mis chicos para darme ánimos. Me vengo arriba y me despego del grupo. Estoy bajando muy rápido pero es que me encuentro genial y voy adelantando a un montón de gente. En la entrada al pueblo ya veo a mi novio y Sergio, ¡que alegría! les pregunto por mi hermano y me dicen que no le han visto que ellos acababan de llegar y a poco me pillan porque no me esperaban tan pronto. Bueno, confío que esté en el poli. Necesito que esté en el poli. Entro sonriente y oigo mi nombre, es Marc. Mi hermano está haciéndole la asistencia, levanta la cabeza y me dice: “¿que haces aquí? ¿Y tan bien?”. No daba crédito, no se esperaba verme tan pronto. Hacía poco que habían llegado Marc y Felipe y ya iban sufriendo. Yo me lo estoy pasando genial. Cojo un plato de macarrones y un poco de fuet y me siento a comer. Cuando estaba terminando llega Juanjo que me dice: “¡no veas cómo has bajado, no? y con lo que resbalaba!”

Me voy a cambiar y llega Mire, nos encontramos con Helena y salimos los cuatro juntos pero Juanjo y yo nos adelantamos un poco. Viene una buena subida y recién comidos se me hace eterna pero voy hablando con Juanjo. Es la tercera vez que la hace. El año pasado se retiró y este año tenía muy claro que no se iba a retirar, y yo también lo tenía claro. Me dice que él divide la ultra en tres carreras: una de Bagà a Bellver que ya habíamos hecho, otra de Bellver a Gósol que es en la que estamos y la ultima de Gósol a Bagà. Me va genial coger esa idea y recuerdo a un amigo que dice que el aplica la regla de las 3C: en la primera parte Calma, en la segunda Control y en la última Cojones (y con cuidado de no invertir el orden jajaja). Cada vez nos queda menos y nos vamos ayudando. Él tira de mi en las subidas y yo de él en las bajadas. Por fin llegamos al quinto avituallamiento, Cortals (50 km). Juanjo me aconseja que coma bien que viene un tramo largo con una subida fuerte… ¡y tan fuerte! Se me hace eterna. Vemos el refugio a lo lejos pero no llega nunca. Vamos pendientes de la hora. Juanjo me dice que pasado el refugio hay una subida horrible que es mejor hacerla de día pero se nos hará de noche antes.

Llegamos a Prat d’Aguiló (61 km). Tengo un poco de frío y me tomo dos tazas de caldo caliente que me saben a gloria, un par de bocatas y al lío. Nos ponemos el frontal aunque aún es de día pero no tardaremos en necesitarlo. Juanjo decía que era mejor pillar la subida de día pero a mí me va bien que se nos vaya haciendo de noche. Me sirve para distraer la mente y no ver tanta subida. Le digo que tire. Voy mucho más lenta. Me va pasando gente animándome. Yo también les animo a ellos ¡menuda subida tenemos encima! y además no se ve casi nada. Hay un montón de niebla, pero poco a poco voy llegando arriba. Sólo me queda bajar y volveré a ver a todos estos en Gósol. Me emociono y empiezo a adelantar a todos los que me habían pasado subiendo hasta que pillo a Juanjo. Le digo que ya estamos, pero me dice que dosifique que la bajada es larga. Le hago caso y se nos une un corredor canario. Vamos hablando hasta que nos dicen que quedan 2 km a Gósol (74 km). Me vuelvo a emocionar y aprieto pero no veo las luces del pueblo. Se me hacen largos los 2 km pero al fin las veo y a mi novio y a Sergio también. Entro al pueblo sonriendo y aplaudiendo a toda esa gente que está a esas horas animándonos, me felicitan y me dicen: “esa es la actitud, sonriendo”.

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Al llegar al avituallamiento otra vez todos sorprendidos. Hacía muy poco que habían llegado Marc y Felipe y muy tocados y yo voy bien. He sufrido la subida pero…¡estoy haciendo un tiempazo! Me siento a cenar y viene Juanjo, “Jolín que tía, tenias hambre o qué?” me dice.

Mi hermano me dice que vaya cogiendo algo de azúcar y me llevo unas gominolas. Ahora no me apetecen pero seguro que luego me irán bien. Acabamos de cenar y Felipe se queda, no se encuentra bien. Marc me dice: “si me voy contigo no me sueltas?” y yo le animo. Salimos los tres juntos: Juanjo, Marc y yo. Sólo nos queda una carrera de las tres en las que habíamos dividido la ultra. Esto ya está chupado. Lo vamos a conseguir (aunque sin duda nos quedaba lo que para mí fue lo peor).

Vamos andando. Ligeros pero andando que acabamos de cenar. Me he quedado sin batería en el reloj cuando más lo voy a necesitar, ¡nooooooo! De repente nos dice Marc que queda un kilómetro al refugio. Empieza a llover y viene una buena subida. Me quedo atrás, sola, a oscuras y lloviendo. No me he querido cambiar de ropa y me da frío. Noto que el impermeable traspasa y no veo el refugio. Me vengo abajo.

Llego a un sendero que me suena, aunque es de noche lo he reconocido. Es la parte de abajo del Pedraforca, “mi” Pedraforca. Ya no queda mucho pero para nada un kilómetro que nos había dicho Marc. Por lo menos eran unos 3. Cada vez llueve más fuerte. Voy con la cabeza agachada mirando al suelo intentando no distraerme hasta que me doy con una roca en la rodilla ¡menuda leche me he dado! Cojeo pero llego hasta el refugio de Estasen (82 km). Me vuelvo a juntar con estos que me dan un ibuprofeno para el dolor. Deja de llover y Juanjo me deja su camiseta térmica. Tengo mucho frío. Los voluntarios del refugio nos dicen que las previsiones son de más lluvia. Mucha gente se retira y yo me hundo aún más pero nos arriesgamos hasta el siguiente refugio que sólo hay 4 km.

Domingo 24 Septiembre

Nos espera una bajada muy empinada que después de la lluvia está muy peligrosa así que vamos despacio. Juanjo y Marc se caen varias veces y nos echamos unas risas. Nos va bien para distraernos. Oímos música a lo lejos y alguien hablando por megáfono: “venga chicos, sois cojonudos, no os rindáis que ya lo tenéis!”. Él sí que es cojonudo y menudo chute de energía nos da. Llegamos a Gresolet (86 km). Viene una subida fuerte de 2 km y luego otros 8 km más de bajada hasta el siguiente. Los de subida se me hacen eternos. Pierdo a los chicos. No tengo fuerzas en las piernas y cada vez me voy quedando más y más atrás. Me como un par de gominolas de las que me aconsejó mi hermano pero me sigo viendo sin fuerzas y sola. Al fin llego arriba. Ahora tocan los 8 de bajada pero el efecto del ibuprofeno ya no está y me duele muchísimo la rodilla. Bajo el ritmo. Es bajada y voy casi andando ¡no puede ser! Recuerdo lo bien que le fueron los croissants de chocolate a mi hermano en su día y yo llevo uno en la mochila. Me lo como y me da un subidon increíble. Pensaba que no pillaría a Juanjo y Marc porque había ido muy lenta y de repente les veo. Van bastante tocados sobretodo Juanjo. Ya estamos en el siguiente avituallamiento y penúltimo, Vents del Cadí (96 km). Esto ya casi está. Me siento a comer algo y al levantarme no puedo con mi rodilla. Pido que me echen una pomada pero el dolor sigue ahí.

Nos queda el tramo conocido como “els empedrats”. Una subida en zig-zag de piedras enormes que cruza varias veces el río (recuerdo mi caída en el Arganza Trail y voy con ojo). Me vuelvo a quedar sola y sin reloj. Se me hace interminable. Me adelanta mucha gente. A uno de ellos le pregunto cuanto queda hasta el refugio y me dice que más o menos la mitad. Eso me hunde y cada vez voy más lenta. Al fin llego y en el refugio estos ya no están. Me he quedado demasiado atrás pero ya estoy en el último punto de control, Sant Jordi (100 km). Lleno los botellines de agua, como unos frutos secos y me animo. En la bajada vuelvo a adelantar a todos los que me habían pasado en la subida y me preguntan extrañados: “¿qué has comido?”, otros “¿cuesta abajo si, eh?”. Y es que sí, me he venido arriba. Ahora sí que ya casi lo tengo. Lo voy a conseguir. A lo lejos veo a Juanjo ¡qué sorpresa! aprieto un poco más y le cojo. Me dice que lleva las plantas de los pies levantadas y que ya no puede correr. Marc ha tirado y me dice que tire yo también. Le digo que tiro que aún nos queda una subida y ahí me coge. Esta amaneciendo otra vez. Me quito el frontal y pierdo a Juanjo en la subida. Le vuelvo a pillar en la bajada. Hemos sido la combinación perfecta. Viene una bajada de pista. 4 km a meta según el reloj de Juanjo pero cuando ya los llevábamos llegamos a la carretera con un cartel que pone…¡¡¡3 km a Bagà!!! Aún nos quedan unos cuantos más y encima asfalto. Quería llegar con él pero me dice que tire y lo hago. Es cuesta abajo pero el asfalto se me hace horrible. Al fin llego a un camino pero no acabo de ver el pueblo ¡no puede ser! Es un desvío otra vez. Todavía me queda más. Sigo trotando, hasta que de repente, a lo lejos, veo a dos chicos, mi hermano y mi novio. Levanto los brazos para que me vean. Están emocionadísimos. Me lo trasmiten y me dan todas sus fuerzas. Me felicitan: ”ya está, ya lo tienes, disfruta del momento” me dice mi hermano. Se ponen a correr conmigo y me aprietan. Menudo sprint final. Y es que mi hermano lleva el ritmo del 3’30” metido en el cuerpo. Me dice: “vamos a adelantar cadáveres para que veas que bien vas”. No exageró para nada, adelantamos a unos diez chicos, ¡increíble! Me felicitan, les felicito y seguimos hasta meta. Paso por unos conos que son el último control. La subidita por el pueblo de regalo y la bajada de la gloria. Todos los Rokanegras en la última esquina animando como no han dejado de hacerlo en toda la carrera. Son geniales. Alfombra verde hasta la meta. Entro súper contenta y súper rápido. Sonriendo y devolviendo el aplauso a tod@s l@s que me lo estaban dando. Lo he conseguido. ¡¡¡Estoy súper feliz!!!

Cojo una botella de agua, me cuelgan la medalla de FINISHER y voy a dar besos y abrazos a todo mi apoyo en esta locura. Mi hermano, mi novio y mis Rokanegras. De repente veo a Mire, decidió retirarse en Gósol cuando estaba dejando de disfrutar y se ha levantado para recibirme, felicitarme y darme un abrazo lleno de emoción. No tengo palabras para describir la sensación, eres increíble y tod@s l@s que tenemos la suerte de conocerte lo sabemos.

Estoy exultante, he acabado mi primera ultra, la que en su día fue la primera de mi hermano y la cual va dedicada a él. Ha sido mi referente en toda la carrera y no voy a saber cómo agradecerle toda esta experiencia, ni a él ni a toda la gente que me ha estado apoyando y me apoya siempre, a mi familia y a mis peques, a mi pareja y a todos mis amigos…sois geniales, GRACIAS.

 

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