Vuelo 727 con destino a la gloria

Por Oscar Puerta.

Debido a un fallo matemático o error de cálculo, como queráis llamarlo, me tocaba hacer otra carrera puntuable para conseguir el punto que me faltaba. Es el último mes del año, la temporada de carreras por montaña hace un descanso invernal y no veo nada. Busco carreras y no hay, incluso en Francia o Suecia pero nada. No sé como pero la encuentro. Sólo hay una, en el paraíso estaba mi esperanza.

UTGC (Ultra Trail Gran Challenge), en la playa de Melenara – Telde – Gran Canaria, 70 Km y 3.500 metros de desnivel positivos. Qué bien suena, muy exótico y mi primera carrera en las islas afortunadas. Que mejor manera para despedir el 2013. Así que a buscar vuelos, preparar la maleta y casi sin entrenar para este tipo de carreras, tocaba hacer otra machada. Otro reto personal, esta vez solo, o eso creía, sin asistencias, mi cabeza y yo.

Viernes 13 de Diciembre

La fecha ya era un presagio, día de miedo para rubricar la semana de estrés en el trabajo, las noticias del temporal en las islas nada alentadoras, casi sin tiempo a nada, los nervios me invadían. Tengo tiempo de colocar los últimos preparativos y comprobar las tres bolsas. Necesito dormir porque llego muy tarde, imposible. En el avión hago el segundo intento, sé que tengo que descansar pero nada. Por fin llegamos, recojo el equipaje y taxi hasta la playa de Melenara donde me estaban esperando los de la organización, todo un lujo por cierto. Los dorsales ya los habían repartido hasta las 21:00 yo llegué casi a la medianoche. Me dieron el chip y el dorsal, alguna consigna para mañana, me ofrecieron cena y unas tiendas de campaña militares con sus literas me estaban esperando. Les entrego la mochila de mitad de carrera que ya llevaba preparada y vaya, no hay luz, necesito cargar el móvil, así que tocará madrugar algo más, ahora tengo que intentar dormir algo de las cuatro horas que me quedan.

Sábado 14 de Diciembre

5:15 remoloneo un poco, me levanto, me visto, recojo todo y lo pongo en la otra tienda de campaña. Por no molestar, cuando llegué estuve en una caseta solo, pero ahora la necesitan para entregar la bolsa del corredor.

No tengo batería en el móvil, así que me voy a desayunar al bar Difa que está justo en la salida y lo pongo a cargar. El café estaba pagado por la organización, otro detallazo. Allí conocí a Rafa, que me vio el chándal y me preguntó curioso por el caballo de Soria, le conté la historia y ya seguimos hablando casi hasta el momento de la salida. Rafa corre la de 90 Km, y su hermana, la de 70.

Frontal encendido, últimas consignas, y puntual pistoletazo de salida. Primeros pasos suaves, aunque alguno sale disparado. Llegan también las primeras rampas por las calles de Telde, asfalto hasta que salimos ya a la montaña, el ritmo para mi era bueno, estaba empezando a soltar los nervios de la salida y me sentía bien. Me encuentro en el grupito de cabeza de unos diez corredores. Empezamos a perdernos. Las cintas no se ven muy bien con el frontal. Dejo un poco de distancia para no tener que retroceder o pararme, y es un acierto porque se pierden varias veces y yo les voy cogiendo. Vamos hablando del marcaje y de asuntos varios. La verdad que yo hablo poco, pero escucho el acento canario y me gusta. Además tienen una gracia que hace que me ria mucho y me lo pase bien hasta llegar al primer repecho importante. Se estira la carrera. Ya se acabaron las bromas. Empieza a faltar el aliento. Según la organización, llegamos a Cuatro Puertas, el Km 7, en menos de 45 minutos. Intento no perder la cabeza, ni la de carrera ni la mía. Todavía es de noche pero empieza a clarear y apago el frontal.

Nos quedamos sólo cuatro en cabeza. Rafa va el primero, me hace mucha alegría. Tras de él dos corredores más y yo. No me creo estar aquí, seguro que soy el tercero, o eso creo porque no sé los otros corredores de que carrera son. Empiezo a preguntarme muchas cosas, como en carreras anteriores, porque me voy quedando solo. ¿Igual voy muy fuerte?¿Tercero? Esta vez no me pudo la presión, me mantuve firme. Ya tenía estrategias para no hundirme como la otra vez. Esta vez no, tengo que ser más fuerte. Cojo de nuevo al tercero y bajo con él. Qué bien baja. Me distrae mucho verle como apoya los pies y en cierta manera me recuerda a mi bajando, parece que me estoy viendo, aunque él se lo conoce y se nota. Yo mientras, le doy un cabezazo a una chumbera, qué dura está, chichón seguro. Llegamos los cuatro en solitario al primer avituallamiento, el del kilómetro 17, Guayadeque. Yo necesito coger aire, hablo con Rafa, le felicito, está muy fuerte, se le ve muy fresco. Cojo la gorra y las gafas. No me lo dicen, pero me están esperando, no sé que hacer si seguir con ellos o aflojar, me siento en la obligación de ir con ellos, aunque también sé que queda una subida vertical importante hasta el cruce. Disfruto del paisaje, es precioso. Totalmente diferente al que estoy acostumbrado, para mi es muy exótico. Hay vegetación tropical, grandes cactus, palmeras, chumberas, y muchas plantas que no conozco, vamos unas laderas espectaculares. Intento hacer alguna foto pero no hace justicia a la belleza que mis ojos están contemplando y disfrutando. Lo comento con Rafa, estamos flipando los dos de lo privilegiados que somos por poder estar recorriendo estas sendas.

Poco a poco me voy quedando, ellos siguen. En lo alto, el kilómetro 23, está el cruce que separa las dos carreras, en teoría hay alguien de la organización avisando. Llegamos antes que ellos. A mi me avisa Rafa. Soltó un grito desde la lejanía para que no me perdiera: “Oscaaaaaaaar, no me sigas, tú sigue a la derecha, que no hay nadie en el cruce”. Yo apenas le puedo dar las gracias y ánimos para todo lo que le queda en solitario, que son casi lo que hago yo en total. Ahora si que lo sé, soy el tercero, sólo llevo dos por delante. Paradita técnica, nueva foto, cojo aire y disfruto de la bajada y del posible podium por una sendita preciosa y unas vistas panorámicas espectaculares. Me estoy viniendo arriba.

Llevo un rato sólo y no veo a nadie. Estoy desconectando, voy bien pero me planteo muchas cosas. Disfruto de mi soledad pero a la vez me maldigo por estar solo. Mantengo el ritmo y sufro. Pero pienso en ella y en lo que hemos sufrido, en lo que hemos luchado y me calmo. Me da fuerzas, como siempre. Quien no quiere no lo entiende. Yo quiero y por eso sufro. Sufro y disfruto. De repente, entre mi soledad y mis pensamientos, en una cuesta medio de arena volcánica baja un corredor muy rápido que me devuelve a la carrera. Nos cruzamos y extrañado me pregunta por la carrera de 47 km, si era por ahí, yo le digo que creo que voy por la de 70 pero ya me hace dudar, porque soy propenso a perderme y más ahora que iba un poco despistado. Había 2 carreras más, de 47 y 26 Km pero no sabía que se cruzaban, y no se cruzaban, coincidía el recorrido. Sigo subiendo y me encuentro a otro corredor que baja. Más dudas todavía, el que bajaba antes me vuelve a coger. Sube más rápido que bajaba y subimos los tres hasta arriba intentando ver por dónde hay que ir ahora. Entre tanta duda, el cuarto de mi carrera nos alcanza también. Los de 47 siguen hacia abajo y nosotros decidimos subir un poco más hasta la carretera sin ver cintas, un par de kilómetros extras. No era por aquí. Decidimos volver donde nos habíamos encontrado los cuatro y bajar por el mismo camino que ellos pero sin estar seguros de que fuera por allí, pero no veíamos otro camino. Además tenemos algo de niebla, y hace frío. Llegamos al avituallamiento de Marteles, casi el kilómetro 30 y preguntamos. Ahora si que vamos bien. Nos ofrecen la bolsa de meta y Victor y yo nos empezamos a reir. Nos ha venido fenomenal encontrarnos. Él tenía su momento de bajoncillo y yo también. Vamos hablando y seguimos recordando lo del avituallamiento, parece que nos conocemos de toda la vida. Conectamos. Empezamos a bajar y me emociono, Victor me frena. Nos cae una granizada que hasta nos viene bien porque nos ha refrescado. Aprovechamos para contarnos la vida, hablar de la carrera, en definitiva, charlamos y nos reímos mucho disfrutando de las vistas.

Superado el ecuador de la carrera sin darnos cuenta, 40 km ya. Valsequillo, avituallamiento importante. Está allí Antonio de la organización, muy contento por vernos y le pido la mochila de mitad de carrera y resulta que era la que nos ofrecían antes. Fallo importante. Menos mal que llevaba dentro de mi mochila de tortuga Ninja, como decía Victor, muchas cosas que quería dejar pero que me tuve que llevar y un par de calcetines que me cambié en dos minutos. Victor paciente me esperaba. Salimos sabiendo que tenemos la penúltima subida fuerte. Vamos muy fuertes, no aguanto el ritmo pero Victor me anima, no quiere quedarse solo otra vez y quiere que entremos juntos en meta. La clasificación era lo de menos para los dos. Pero al llegar a la cima del Montañón voy sin aire y sin fuerzas. Tengo que aflojar. Vemos a lo lejos que nos alcanza otro corredor pero no sabemos si es de nuestra carrera. Por si acaso, le pido que se vaya. Yo respiro y voy comiendo lo que me había guardado antes mientras me cambiaba de calcetines. Me recupero y cojo buen ritmo. Adelanto a corredores de las otras carreras.

Llego a la Barrera, último repecho considerable. Falta algo más de una Roca Negra y estará hecho. A 15 km de meta bajo por un barranco precioso de arena volcánica negra, una pasada y un homenaje para los pies, pisada blandita que se agradece a estas alturas, aunque las zapatillas se te llenan de arena. En el avituallamiento me sacudo, pienso. Me pierdo y tiene que venir un chico de la organización con una bici para reconducirme, otros 2 kilómetros extras y encima ahora de asfalto. Último avituallamiento, Puente del Telde, faltan 11 kilómetros a meta. Mientras como algo y me hidrato bien, escucho que llega el siguiente de mi carrera. Ya no me sacudo las zapatillas, me voy pitando. Me pongo a correr y adelanto a corredores de otras carreras. Llevo un ritmo fuerte y constante aunque no es 3:30. No dejo de adelantar, tengo que darlo todo para que no me adelante el que viene detrás. Pienso que seguro él también va cansado. No me importaba la clasificación pero ahora no quería perder la cuarta plaza. Llevo un rato sin ver cintas ni corredores, a ver si me he vuelto a perder. Ahora sería fatal perderme, miro atrás y pregunto a una chica que acabo de adelantar, me viene siguiendo y tampoco lo sabe. A lo lejos veo corredores, vamos bien. Creo que he sacado bastante distancia, me quedo con Isabel, ella es la tercera chica de la carrera de 47 Km. Vamos los dos encontrando el camino, apenas podemos hablar, vamos sufriendo en silencio. Se ve el atlántico, no debe quedar mucho en distancia, pero se hace eterno. Intento animarla, pero hace mucho calor. Coincidimos en que es bonito pero el asfalto y el calor que empezaba a golpear fuerte endureció el final y no dejó que lo pudiéramos disfrutar. Un paseo lleno de toboganes pegadito al mar. Por fin vemos la meta. Nos alegramos aunque en las escaleras finales me escapo un poco viendo que nos estaban alcanzando corredores. Y si, conseguido, FINISHER, el vuelo 727 había llegado a su destino, la gloria. Dos puntos y un tiempo espectacular, algo más de 8 horas y media para hacer los 70 kilómetros. Aunque no acaba aquí. Lo mejor estaba por venir.

Después de coger unos plátanos, de Canarias, claro, exquisitos y unas naranjas también exquisitas y también de Canarias, voy directo a la playa, donde Neptuno contemplaba como aparecía mojado por las aguas frescas del atlántico, que después de la carrera no parecían tanto y los pies negros de la arena, mientras me pasa por la cabeza toda esa gente que me quiere y a la que quiero.

Victor también está allí, nos fundimos en un abrazo de hermano. Nos alegramos mucho los dos, él tercero y yo cuarto. Estoy muerto, ducha, a comer algo rápido y a dormir. Tras la siesta celebración con Victor mientras iban llegando corredores a meta. Vimos llegar a Rafa campeón de la de 90 Km y a María subcampeona. Les felicitamos y ellos a nosotros. Sólo faltaba por llegar Javi, de nuestro grupo de amig@s y compañer@s de aventura y de habitación.

Domingo 15 de Diciembre

Tocaba esperar al sol, 25º grados, la entrega de trofeos y poder degustar tras el bañito de nuevo en el atlántico de esas papas con mojo picón que Javi tanto antojo tenía y que tan buenas estaban.

Una experiencia inolvidable que me ha dado el punto que buscaba y un trofeo que no me esperaba. Me quedo con la amistad que me llevo de la isla después de lo que compartí con mis compañer@s, me supo a poco. Pongo así la guinda al pastel de 2013, cerrando un año magnífico y sin cansarme de dar las gracias a tod@s l@s que me ayudáis día a día para conseguir mis objetivos y el reto de intentar ser feliz. GRACIAS. Por supuesto a mi fisio-psicólogo también, gracias Toni.

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2 respuestas a Vuelo 727 con destino a la gloria

  1. Belén dijo:

    Qué bien Osquitaaaaaaaarrrr!!!
    No me había enterado yo de esto, joé como lo vives!!
    Me ha encantado, y me he emocionado y todo leyéndolo majo!!
    Un besote muy gordoooooo y ya me contarás todo bien!!!!

  2. victor dijo:

    Un tio grande….si señor!!!!!

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